La Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH) vive uno de sus momentos más críticos en la última década tras el estallido de una huelga de «puertas cerradas» por parte del Sindicato Único de Empleados (SUEUM). La noche de este lunes, tras una asamblea en la que participaron mil 745 trabajadores de un padrón de 2 mil 200, las banderas rojinegras fueron colocadas en las diversas dependencias de la universidad nicolaíta. Además, este paro de labores administrativas no se veía bajo esta modalidad desde 2013. En ese entonces, la institución sufrió un cese de actividades de 47 días. La decisión sindical surge tras el rechazo rotundo a los ofrecimientos de la rectora Yarabí Ávila. Estos ofrecimientos fueron calificados de insuficientes y violatorios del contrato colectivo.
El dirigente del SUEUM, Eduardo Tena Flores, fue enfático al denunciar que la propuesta de la rectoría pretendía «rasurar» al menos seis cláusulas fundamentales del contrato colectivo de trabajo. Entre los puntos de mayor fricción se encuentra la intención de las autoridades de revisar el contrato cada dos años en lugar de anualmente. Esto contrasta con la forma en que se ha estipulado históricamente. Tena Flores argumentó que la universidad no padece una crisis financiera real, sino una mala distribución de los recursos públicos. Por si fuera poco, el sindicato cuestionó severamente que se prioricen obras de infraestructura, como la construcción de una alberca. Esto ocurre mientras existen 180 trabajadores que no han podido acceder a su jubilación por falta de liquidez en las partidas correspondientes.
Por su parte, el gobernador de Michoacán, Alfredo Ramírez Bedolla, salió al paso de las críticas asegurando que la máxima casa de estudios cuenta con un presupuesto histórico para este 2026. Dicho presupuesto asciende a 5 mil millones de pesos. Para el mandatario estatal, el problema no es la suficiencia de recursos, sino la forma en que la administración interna de la UMSNH asigna y distribuye estos fondos. Por tanto, esta postura traslada la responsabilidad directamente a la rectoría. Además, insta a las partes a encontrar un punto de equilibrio que permita la viabilidad operativa sin vulnerar los derechos laborales que han sido conquistados por el gremio de empleados a lo largo de décadas.
Ante la parálisis administrativa, la Universidad Michoacana ha implementado un plan de contingencia para evitar la pérdida del ciclo escolar y afectaciones mayores a la comunidad estudiantil. El secretario académico, Antonio Reyes, informó que las actividades académicas continuarán de manera virtual a través de plataformas digitales como Google Meet. Asimismo, las facultades y escuelas deberán enviar las ligas de acceso a sus estudiantes con anticipación para mantener el ritmo de las clases en todos los niveles académicos. Sin embargo, esta medida ha sido recibida con escepticismo por sectores que consideran que la huelga administrativa afecta procesos esenciales que no pueden ser sustituidos por la modalidad a distancia.
La huelga de puertas cerradas en la «Casa de Hidalgo» pone a prueba la capacidad de mediación de las autoridades universitarias y el temple del sindicato ante la opinión pública. Mientras las banderas rojinegras ondean en los portones, la comunidad queda a la espera de una nueva mesa de negociación que ofrezca soluciones tangibles en materia salarial y de respeto contractual. Para el SUEUM, este movimiento es una defensa de la dignidad del trabajador universitario. En contraste, para la administración representa un reto de optimización financiera. En este escenario de polarización, el futuro inmediato de la educación superior en Michoacán depende de que el diálogo logre superar la retórica de la confrontación interna.


