Indiana escribió una de las páginas más memorables en la historia del fútbol americano universitario al imponerse 27-21 a Miami en la final nacional, coronando una temporada perfecta que culminó con un campeonato largamente impensable para el programa. Bajo las luces del lunes por la noche, los Hoosiers sellaron una campaña invicta y llevaron el trofeo del College Football Playoff a Bloomington, un destino que durante décadas parecía ajeno a la élite del deporte colegial.
Fernando Mendoza, mariscal de campo de origen cubano, fue el rostro del triunfo. El quarterback finalizó con 186 yardas aéreas, pero su jugada más decisiva llegó por tierra, cuando convirtió una cuarta oportunidad con una carrera de 12 yardas que terminó en touchdown y cambió el rumbo definitivo del encuentro. Esa anotación, con poco más de nueve minutos por jugarse, le dio a Indiana una ventaja de diez puntos que resultó definitiva ante el intento de reacción de los Hurricanes.
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Miami mostró resistencia en la recta final del partido. Mark Fletcher encabezó la ofensiva con 112 yardas y dos anotaciones que mantuvieron a su equipo con vida, pero la defensa de Indiana logró contener cada intento de remontada. A pesar de los golpes recibidos y la presión constante, Mendoza mantuvo la compostura y ejecutó las decisiones clave que aseguraron el campeonato.
El logro tiene un valor histórico profundo. Antes de la llegada del entrenador Curt Cignetti, Indiana acumulaba más de siete décadas de derrotas y era uno de los programas con mayor número de caídas en la historia del fútbol universitario. En apenas dos años, el estratega transformó esa narrativa y llevó al equipo a lo más alto del deporte colegial.
Con marca de 16-0, Indiana igualó registros que no se veían desde finales del siglo XIX, beneficiándose del formato ampliado del playoff de 12 equipos. El título invicto llega, además, medio siglo después de la histórica temporada perfecta del equipo de baloncesto de Bob Knight, reforzando la magnitud del momento para la universidad y el estado.
Las decisiones arriesgadas de Cignetti en el último cuarto fueron determinantes. Dos jugadas en cuarta oportunidad mantuvieron vivas las series ofensivas y colocaron el balón en manos de Mendoza, quien respondió con precisión y carácter. La jugada final, una carrera diseñada del mariscal, quedó como una imagen icónica del campeonato.
Indiana no solo ganó un partido; cambió su lugar en la historia del fútbol americano universitario con una temporada que difícilmente será olvidada.
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