Conforme avanzan los años de la administración de la gobernadora Delfina Gómez Álvarez, en el Estado de México se instala una pregunta constante: ¿realmente hay resultados o seguimos atrapados en la narrativa? Como suele ocurrir, el debate se polariza. Hay quienes ven avances claros y otros que insisten en que el retroceso supera al progreso. Sin embargo, más allá de la percepción, comienzan a aparecer datos y decisiones que ya no pueden ignorarse.
Movilidad y orden: romper inercias históricas
Uno de los cambios más visibles es la adopción de prácticas que durante años funcionaron en la Ciudad de México y que hoy se trasladan al Edomex. Esto no ha sido bien recibido por todos. Los concesionarios que durante décadas operaron sin regulación efectiva ven amenazados privilegios históricos. Aun así, los acuerdos recientes muestran un giro: hoy las negociaciones se hacen con el usuario al centro. La situación crítica de vialidades como el Periférico Norte simbolizaba el abandono institucional; empezar a corregirlo era una obligación, no una concesión política.
Salud pública: prevenir también es gobernar
En paralelo, el tema de la salud pública vuelve a ocupar el centro del debate con los casos de sarampión. Las medidas implementadas en escuelas —filtros sanitarios y uso de cubrebocas— evidencian un enfoque preventivo. Resulta paradójico que, pese a contar con esquemas de vacunación gratuitos, aún exista resistencia social para acudir a ellos. Criticar al sistema de salud es sencillo; reconocer sus alcances y fortalecer la corresponsabilidad ciudadana es el verdadero reto.
La decisión del gobierno federal de asumir el control del sistema de salud no está exenta de críticas, pero tiene una lógica clara: evitar un modelo como el estadounidense, donde sin seguro privado la atención médica es prácticamente inaccesible. En un país como México, la salud no puede ser un privilegio.
Gobernar es construir confianza
El Estado de México no está exento de problemas, pero comienza a transitar de la inercia al control institucional. Movilidad, salud y orden público no son temas aislados: son pilares de confianza social. Tal vez el cambio no sea inmediato ni perfecto, pero cuando los datos empiezan a acompañar al discurso, la conversación política también tiene que madurar.