Bitácora del Poder por Naim Libien Abouzaid
Recientemente, autoridades federales y estatales han presentado resultados que muestran un descenso significativo de homicidios dolosos en varias regiones del país, con especial atención al Estado de México. De acuerdo con datos oficiales del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), entre septiembre de 2024 y diciembre de 2025 los homicidios dolosos en el Edomex cayeron 54 %, al pasar de un promedio diario de 6.63 a 3.06 víctimas, consolidando diciembre como el mes con menor incidencia en ese periodo. Este descenso también llevó a la entidad a bajar posiciones en la clasificación nacional de homicidios, al pasar del tercer al quinto lugar entre las más violentas. 
Además, el reporte oficial destaca que otros delitos de alto impacto también han disminuido, con caídas en secuestro, extorsión, robo de vehículos y feminicidios. Ese conjunto de cifras respalda la narrativa de una tendencia a la baja en la violencia que el Gobierno atribuye a una estrategia de seguridad coordinada entre fuerzas federales y estatales. 
El enfoque de política pública detrás de las cifras
La administración federal ha señalado que estos avances son el resultado de operativos como “Enjambre” y otros esfuerzos de inteligencia y coordinación, que han permitido detenciones de personas vinculadas al crimen organizado, así como el aseguramiento de armas y laboratorios ilícitos. El trabajo conjunto con la gobernadora del Estado de México, Delfina Gómez Álvarez, es presentado como un caso ejemplar de cooperación institucional. 
No obstante, es importante recordar que la realidad no termina en el dato. A nivel nacional, aunque los homicidios han mostrado una tendencia general a la baja —con reducciones significativas reportadas por el SESNSP— la violencia sigue concentrada en varios estados, y la percepción ciudadana sobre inseguridad no siempre acompaña las cifras oficiales. 
¿Son confiables las cifras oficiales?
Aquí surge una discusión crucial: ¿podemos tomar estas cifras como fiel reflejo de lo que ocurre en las calles? Organizaciones civiles y analistas han señalado que la confiabilidad de las estadísticas puede verse afectada por factores como la subdenuncia, la reclasificación de delitos, diferencias entre reportes estatales y federales y posibles ajustes metodológicos. Esto implica que una reducción estadística no necesariamente se traduce en una percepción de mayor seguridad para la población, ni en una disminución real de hechos violentos no denunciados. 
Finalmente, cabe destacar que medir homicidios sin cruzar esos datos con la efectividad de la percepción de seguridad, la persecución penal y la aplicación de justicia deja una narrativa incompleta. Una tendencia a la baja en homicidios puede ser importante, pero solo si viene acompañada de altos niveles de detenciones, judicialización de casos, sentencias efectivas y desarticulación de estructuras criminales. La seguridad ciudadana no sólo se construye con estadísticas decrecientes, sino con la certidumbre de que los delitos se investigan, se persiguen y se castigan, devolviendo confianza a la ciudadanía.
Que el resto del país tome nota.


