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miércoles, diciembre 10, 2025

Plan Michoacán: la prueba más dura para el nuevo gobierno

El Plan Michoacán por la Paz y la Justicia representa el primer gran desafío de la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum. Tras el impacto nacional por el asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, el gobierno federal reaccionó con un proyecto ambicioso que busca atender las raíces del conflicto en la Tierra Caliente: violencia, desigualdad y ausencia del Estado. Con una inversión superior a 57 mil millones de pesos y más de 100 acciones específicas, el plan se articula en 12 ejes que abarcan seguridad, desarrollo económico, salud, educación, vivienda, cultura y apoyo a sectores vulnerables.

El objetivo, según la propia presidenta, es claro: “construir la paz desde la justicia social”. La estrategia refuerza la coordinación entre la Guardia Nacional, las policías locales y las fiscalías, y apuesta por proyectos productivos y turísticos que devuelvan vida y dignidad a las comunidades.

El secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, tiene ante sí una tarea monumental: convertir el discurso en resultados visibles. Michoacán no solo simboliza el reto de la seguridad nacional, sino la prueba de fuego para medir si la Guardia Nacional puede realmente garantizar la paz en las carreteras, los pueblos y las ciudades del país.

El plan también implica una vigilancia constante con reportes quincenales, pero la efectividad dependerá de la coordinación real entre los tres niveles de gobierno. El gobierno estatal destinará 2,700 millones de pesos adicionales, aunque la pregunta sigue siendo si habrá una estrategia unificada o si cada autoridad operará por su cuenta.

La percepción que no cambia

Aunque el gobierno celebra avances, los datos del INEGI muestran otra realidad: el 75% de los mexicanos se siente inseguro, es decir, solo una de cada cuatro personas percibe tranquilidad. Esa cifra refleja que, pese a los operativos, la violencia sigue siendo una constante y la confianza en las instituciones permanece erosionada.

Si Michoacán amerita un plan especial, ¿por qué no lo tienen estados como Morelos, Tabasco, Guanajuato, Estado de México o Zacatecas, que también encabezan los índices de inseguridad? La respuesta podría estar en la falta de voluntad o en la costumbre de reaccionar cuando el daño ya está hecho.

Más allá de Michoacán

El país necesita algo más que programas emergentes: requiere un nuevo pacto de seguridad nacional, donde el tránsito libre en las carreteras sea un derecho garantizado, no un riesgo cotidiano. Es inconcebible que rutas como la México–Querétaro o la Pátzcuaro–Uruapan se perciban cada vez más peligrosas.

El Plan Michoacán podría marcar el inicio de una nueva etapa si se ejecuta con transparencia, metas medibles y verdadera participación social. De lo contrario, podría repetir la historia de planes anteriores —como el implementado en el sexenio de Enrique Peña Nieto— que se quedaron en el papel.

Hoy, más que nunca, México necesita resultados tangibles. Porque cuando la violencia toca a quienes representan la voz del pueblo, se apaga una esperanza y se pone a prueba la capacidad real del Estado para responder.

Que el resto del país tome nota.

Naim Libien Abouzaid
Naim Libien Abouzaid
Director General de Rotativo de México, Cadena Azul y Página Uno. Autor de la columna Bitácora del Poder
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