La desesperación ha rebasado los límites del silencio en el municipio de Temixco, Morelos. Tras la desaparición de Moisés Uriel Zúñiga Guzmán, un joven de 26 años dedicado a la floristería y decoración de eventos, sus familiares y amigos han emprendido una lucha frontal contra la opacidad institucional. Lo que comenzó como una búsqueda desesperada en las calles de la colonia La Islita se ha transformado en un movimiento de protesta. Este movimiento señala directamente la inacción de la Fiscalía General del Estado (FGE). El joven fue visto por última vez el pasado 28 de febrero, cuando salió de su hogar con destino al centro de la cabecera municipal para realizar un trámite bancario. Desde entonces, su rastro se desvaneció por completo.
La movilización, que recorrió desde el asentamiento de La Islita hasta las instalaciones de la Fiscalía, no solo busca el paradero de Moisés. Además, denuncia un sistema de justicia que parece caminar a dos velocidades. Esto ha dejado la carga de la investigación en manos de los propios allegados. Los familiares han recorrido barrancas, colonias aledañas y las riberas del río en Temixco por iniciativa propia. Sin embargo, se han enfrentado a trabas burocráticas cada vez que solicitan el acceso a herramientas clave, como las imágenes de las cámaras del C5 de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC).
El caso de Moisés pone de relieve la vulnerabilidad de las familias de escasos recursos ante el fenómeno de la desaparición en México. Según los testimonios, la noche de su desaparición el joven dejó en casa sus pertenencias más básicas —llaves, mochila, cartera y documentos—. Llevaba consigo únicamente su teléfono celular. La respuesta de la autoridad ha sido percibida como indolente; a pesar de las múltiples visitas a la FGE, la respuesta sistemática es la falta de resultados. «Queremos que lo busquen vivo, pero si fue localizado sin vida, que nos lo digan y nos lo entreguen», expresaron durante el bloqueo que mantuvo detenido el tránsito en el bulevar Apatlaco.
La colonia La Islita, marcada históricamente por índices de inseguridad, enfrenta hoy una realidad que sus habitantes califican como inédita. Se trata de la desaparición de uno de sus miembros más trabajadores. La comunidad ha cuestionado si la intensidad de la búsqueda sería distinta si Moisés tuviera otro estatus social. Mientras la fiscalía limita el acceso al Servicio Médico Forense (Semefo) y posterga trámites ante jueces, la familia Zúñiga Guzmán advierte que no cesarán las movilizaciones. Este caso no es solo la búsqueda de un individuo. También es el reclamo de una sociedad que se niega a normalizar la ausencia y exige que la seguridad deje de ser un privilegio de pocos. Quieren que se convierta en una garantía para todos.


