A casi nueve años del sismo, persisten viviendas dañadas en la Ciudad de México

A casi nueve años del sismo del 19 de septiembre de 2017, las secuelas del desastre continúan presentes en distintas zonas de la Ciudad de México, donde numerosas familias aún habitan viviendas con daños visibles que reflejan la magnitud de uno de los movimientos telúricos más devastadores en la historia reciente del país. Aunque miles de inmuebles fueron reconstruidos o rehabilitados durante los últimos años, todavía existen casas y edificios que conservan grietas, muros fracturados y otras afectaciones estructurales que mantienen viva la preocupación de sus habitantes.

En diversas colonias de la capital, muchas personas decidieron permanecer en sus hogares debido a la imposibilidad económica de adquirir otra vivienda o cubrir el costo de una renta. Para numerosas familias, abandonar el patrimonio construido durante años no fue una alternativa viable, por lo que optaron por realizar reparaciones con recursos propios para mantener habitables sus inmuebles.

Sin embargo, especialistas han señalado en distintas ocasiones que las reparaciones superficiales no siempre garantizan la recuperación total de las condiciones estructurales de una vivienda, situación que mantiene la incertidumbre entre quienes continúan ocupando inmuebles que resultaron afectados por el terremoto. Cada nuevo movimiento sísmico o la activación de la alerta reavivan el temor de enfrentar nuevamente una emergencia similar.

Mientras algunos edificios permanecen desocupados o bajo resguardo por representar un riesgo, otros siguen siendo habitados diariamente por familias que aprendieron a convivir con las secuelas del sismo. Las grietas visibles en paredes, techos y fachadas forman parte del entorno cotidiano y recuerdan constantemente la tragedia que transformó la vida de miles de capitalinos.

La recuperación posterior al terremoto no avanzó al mismo ritmo para todas las personas. Mientras algunos propietarios lograron acceder a programas de reconstrucción y regresar a viviendas rehabilitadas, otros aún enfrentan dificultades económicas, administrativas o técnicas para concluir las obras necesarias que les permitan habitar inmuebles completamente seguros.

El sismo de 2017 dejó una profunda huella en la Ciudad de México, no solo por las pérdidas humanas y materiales registradas, sino también porque evidenció la vulnerabilidad de una parte importante del parque habitacional y la necesidad de fortalecer las políticas de prevención, supervisión estructural y protección civil.

A casi una década de aquella emergencia, las cicatrices siguen presentes tanto en las calles como en la memoria colectiva. Para miles de familias, vivir entre grietas representa una realidad cotidiana que mantiene vigente el llamado a reforzar la cultura de la prevención, mejorar la seguridad de las construcciones y garantizar que la recuperación alcance a todas las personas afectadas.

Redacción Rotativo de México
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