El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha impulsado cambios de nombre para accidentes geográficos vinculados con su país, una práctica que vuelve a poner sobre la mesa la forma en que Estados Unidos ha utilizado el término “América” como una expresión asociada a su identidad nacional y a su dominio político.
Uno de los casos más recientes es el cambio del nombre del fronterizo lago Ontario a “lago América”. La decisión forma parte de una tendencia impulsada por Trump para modificar denominaciones geográficas y reforzar, mediante el lenguaje, una idea de predominio estadounidense sobre espacios compartidos o relacionados con otros países.
La medida recuerda especialmente a la decisión que tomó Trump al regresar a la Casa Blanca. Durante su primer día en el cargo, el mandatario firmó una orden ejecutiva para cambiar el nombre del golfo de México por el de “golfo de América”.
La modificación fue presentada como parte de una estrategia para recuperar denominaciones que, según Trump, representan y “honran la grandeza” de Estados Unidos. Sin embargo, el espacio marítimo al que hace referencia la orden no corresponde exclusivamente a territorio estadounidense, ya que sus aguas también bañan las costas de México y Cuba.
El uso de la palabra “América” en este contexto también reaviva una cuestión histórica y cultural: durante décadas, Estados Unidos ha empleado “America” para referirse a su propio país, pese a que América comprende un continente integrado por múltiples naciones.
Los cambios promovidos por Trump convierten así los nombres geográficos en una herramienta de identidad y posicionamiento político. Más allá de la denominación adoptada en Estados Unidos, las modificaciones generan una discusión sobre quién define los nombres de espacios cuya referencia geográfica involucra a más de un país.
El caso del golfo de México resulta especialmente significativo por su vínculo directo con México y Cuba, mientras que el cambio relacionado con el lago Ontario refuerza la tendencia del mandatario a utilizar los nombres geográficos como parte de su discurso sobre el poder y la identidad estadounidense.


