Musk y Huang desembarcan en Pekín para llevar a cabo importantes reuniones en la capital china.
Donald Trump ha aterrizado en China con una estrategia clara: si quieres abrir mercados blindados, lleva a los mejores negociadores. En una visita histórica —la primera de un presidente estadounidense en casi diez años—, el mandatario no llegó solo. A su lado bajaron del Air Force One figuras de la talla de Elon Musk y Jensen Huang (Nvidia), enviando un mensaje directo sobre las prioridades de Washington: la hegemonía tecnológica.
La misión: Desbloquear el mercado de los chips
El caso de Nvidia es emblemático. La compañía ha sudado tinta intentando obtener los permisos necesarios para vender sus potentes chips H200 en territorio chino. Trump, consciente de que la economía estadounidense necesita estas victorias, sumó a Huang a la delegación en una escala de último minuto en Alaska.
«Le pediré al presidente Xi que ‘abra’ las puertas. Quiero que estas mentes brillantes puedan hacer su magia en China», publicó el mandatario en sus redes sociales.
Una recepción de cristal
Aunque Pekín ha respondido con cortesía diplomática, el ambiente es tenso. Mientras el negociador Scott Bessent preparaba el terreno en Corea del Sur, el gobierno chino mantiene su postura firme sobre temas espinosos como la venta de armas a Taiwán. Trump busca una tregua comercial duradera, pero para lograrlo, primero deberá convencer a Xi Jinping de que el éxito de las empresas estadounidenses también beneficia a la estabilidad global.


