El retroceso acelerado de los glaciares provocado por el cambio climático comienza a generar nuevas alertas entre científicos, autoridades y comunidades costeras de distintas partes del mundo. Uno de los ejemplos más recientes ocurrió en el sureste de Alaska durante el verano de 2025, cuando el desprendimiento de una montaña hacia el océano originó uno de los tsunamis más altos jamás documentados.
El fenómeno ocurrió en el fiordo Tracy Arm, una zona reconocida por sus enormes paredes de roca y glaciares. De acuerdo con especialistas, el movimiento masivo de tierra hacia el mar generó un impacto equivalente a un sismo de magnitud 5.4, provocando una impresionante subida del agua de hasta 481 metros sobre la pared del fiordo.
Un fenómeno extremo vinculado al cambio climático
Expertos señalan que el calentamiento global y el derretimiento de los glaciares están debilitando la estabilidad natural de las montañas en regiones polares y zonas cercanas a grandes masas de hielo. Esto aumenta el riesgo de deslizamientos gigantescos que pueden terminar en el océano o lagos, generando olas de gran magnitud conocidas como megatsunamis.
El caso de Alaska se convirtió rápidamente en referencia internacional debido a la dimensión del evento. Investigadores explicaron que la pérdida gradual de hielo elimina el soporte natural que durante miles de años mantuvo estables diversas formaciones montañosas.
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El segundo tsunami más alto registrado
El tsunami ocurrido en Tracy Arm es considerado el segundo más alto del que se tenga registro moderno, únicamente por debajo del devastador tsunami de Japón en 2011. La fuerza del impacto dejó evidencia clara de cómo el cambio climático puede desencadenar desastres naturales extremos de forma indirecta.
Aunque el evento sucedió en una región relativamente aislada, científicos advierten que situaciones similares podrían repetirse en otras zonas montañosas y costeras del planeta. Países con glaciares en retroceso, como Canadá, Noruega, Groenlandia o algunas áreas de Sudamérica, también podrían enfrentar riesgos similares en las próximas décadas.
La preocupación no solo alcanza a gobiernos y expertos. Empresas turísticas, navieras y comunidades locales deben considerar nuevos protocolos de prevención ante posibles olas gigantes originadas por derrumbes masivos.
Comunidades costeras enfrentan nuevos riesgos
Especialistas en gestión de riesgos señalaron que muchos sistemas de alerta actuales están diseñados principalmente para tsunamis generados por terremotos submarinos. Sin embargo, los megatsunamis derivados de deslizamientos de tierra pueden desarrollarse en cuestión de segundos y con características distintas.
Esto obliga a replantear las estrategias de protección civil, monitoreo geológico y vigilancia climática en regiones vulnerables. Además, organismos internacionales han insistido en reforzar las políticas de reducción de emisiones contaminantes para disminuir el impacto del calentamiento global.
El caso de Alaska también abrió el debate sobre la necesidad de invertir en tecnologías de monitoreo satelital y sensores especializados capaces de detectar movimientos inestables en montañas cercanas a glaciares.


