Ciudad de México. — El Instituto Nacional Electoral (INE), el baluarte de la democracia mexicana, atraviesa una nueva crisis de legitimidad tras la polémica elección de sus nuevos consejeros en la Cámara de Diputados. En una sesión que pasará a la historia por su alta carga de polarización, Arturo Chávez, Frida Gómez y Blanca Cruz fueron designados para integrarse al Consejo General. Apenas lograron la mayoría calificada necesaria. El proceso estuvo marcado por el abandono del pleno de las bancadas de oposición (PAN, PRI y MC). Estas denunciaron que la selección fue una «imposición dirigida» desde Palacio Nacional. Según ellas, fue diseñada para minar la independencia del árbitro electoral de cara a los comicios presidenciales de 2030.
El foco de la controversia se centra en Arturo Manuel Chávez López. Su perfil ha sido duramente cuestionado debido a su trayectoria reciente como director de Talleres Gráficos de México y su conocida cercanía personal con la presidenta Claudia Sheinbaum. Esta relación data desde que ella encabezaba la alcaldía de Tlalpan. La sospecha aumentó exponencialmente cuando se revelaron los resultados del examen de conocimientos aplicado por el Comité Técnico de Evaluación. En ese examen, Chávez obtuvo una calificación de 99 de 100 aciertos. Para la oposición, este resultado es estadísticamente improbable. Además, sugiere una posible filtración del examen, calificándolo como un «traje a la medida» para asegurar que un perfil afín al oficialismo tome el control de las decisiones más críticas del instituto.
Por otro lado, los legisladores de Morena y sus aliados defendieron el proceso con vehemencia. Argumentaron que las críticas de la oposición son intentos por desprestigiar a perfiles ciudadanos altamente capacitados. Dijeron también que la calificación de Chávez es simplemente un reflejo de su solvencia técnica y profesional. No obstante, la percepción pública se encuentra profundamente dividida. Frida Denisse Gómez y Blanca Yassahara Cruz, aunque poseen trayectorias en los institutos electorales de Tamaulipas y Puebla respectivamente, han sido arrastradas por la sombra de sospecha que rodea a Chávez. Esto compromete la imagen de imparcialidad que el nuevo bloque de consejeros debería proyectar ante la ciudadanía.
La autonomía del INE ha sido un tema central en la agenda política desde el inicio de la administración. Este nuevo episodio refuerza la narrativa de quienes aseguran que el instituto está siendo capturado institucionalmente. Estos tres nuevos funcionarios tendrán la responsabilidad de organizar procesos electorales en un México cada vez más polarizado. La confianza ciudadana, que ya se encontraba debilitada tras constantes ataques mediáticos al órgano electoral, enfrenta ahora una prueba de fuego. Si el INE pierde su carácter de árbitro imparcial, la estabilidad política del país en las próximas elecciones intermedias y generales podría verse seriamente amenazada. La sociedad civil organizada ha anunciado que mantendrá una vigilancia estricta sobre cada voto y decisión que estos nuevos consejeros tomen en las sesiones del Consejo General. Además, advirtió que no se permitirá ningún sesgo que favorezca al partido en el poder.


