Bitácora del Poder por Naim Libien Abouzaid
El Estado de México arrastra desde hace décadas un rezago vial que hoy se ha convertido en un verdadero problema social. Cada año, las calles se encuentran en peores condiciones: baches, banquetas destrozadas, falta de señalización y, lo más grave, concesiones privadas disfrazadas de “infraestructura pública”. Esta herencia del PRI sigue viva y el actual gobierno estatal no ha logrado revertirla.
Con el paso del tiempo, las calles concesionadas se transformaron en un mecanismo de deslinde para gobiernos municipales y estatales. Nadie asume la responsabilidad. Mientras tanto, los ciudadanos pagan las consecuencias: llantas ponchadas, accidentes, horas perdidas en tráfico y una sensación constante de abandono.
Las lluvias agravan el desastre. Calles inundadas conviven con colonias sin agua potable, un absurdo que evidencia la falta de planeación y coordinación entre niveles de gobierno. A esto se suman escándalos como el de la Junta de Caminos del Edoméx, donde la gestión de Mario Ariel Juárez Rodríguez enfrenta investigaciones por contratos irregulares millonarios, un ejemplo más de cómo la corrupción se antepone al bienestar ciudadano.
El problema trasciende los baches: el desorden vial y la falta de señalización generan tragedias. Apenas ayer, un autobús fue arrastrado por un tren en territorio mexiquense. No había pluma de seguridad ni señal preventiva. No fue un “accidente”, fue consecuencia de omisión gubernamental.
El Edoméx necesita calles de calidad, seguras y ordenadas. No basta con parches improvisados. El poder Ejecutivo, Legislativo y los concesionarios deben trabajar en conjunto para dejar atrás décadas de corrupción y negligencia. De lo contrario, los ciudadanos seguirán pagando con su dinero, su tiempo y, tristemente, con su vida.
Que el resto del país tome nota.


