La quema de imágenes del líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Khamenei, se ha convertido en uno de los gestos más potentes de las protestas que sacuden al país desde finales de diciembre. Este acto, replicado en distintas ciudades, representa no solo el rechazo al poder clerical, sino también una defensa abierta de los derechos de las mujeres, quienes han ocupado un papel central en las manifestaciones.
Las movilizaciones comenzaron el pasado 28 de diciembre, impulsadas por el aumento sostenido de la inflación, el encarecimiento de productos básicos y el deterioro de las condiciones de vida. Sin embargo, lo que inició como una protesta económica se transformó rápidamente en un reclamo político más amplio: el fin del actual sistema de gobierno religioso que rige Irán desde hace décadas.
Mujeres al frente de la protesta social
Uno de los rasgos más visibles de estas manifestaciones ha sido la participación activa de mujeres jóvenes y adultas, quienes han desafiado abiertamente las normas impuestas por el régimen. La quema de fotografías de Khamenei, así como consignas contra las autoridades religiosas, se han interpretado como un mensaje directo contra la represión, la violencia de género y la falta de libertades civiles.
Organizaciones internacionales han señalado que la respuesta del Estado ha sido especialmente violenta. De acuerdo con reportes de defensores de derechos humanos, el número de personas fallecidas supera las 600, mientras que miles han sido detenidas.
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De la crisis económica al reclamo político
Analistas coinciden en que la inflación fue el detonante inmediato de las protestas, pero no su causa profunda. La combinación de sanciones internacionales, mala gestión económica y corrupción ha generado un malestar social acumulado que ahora se expresa en las calles. En este escenario, la figura de Khamenei se ha convertido en el principal blanco simbólico del descontento ciudadano.
La quema de sus imágenes rompe con uno de los mayores tabúes del sistema iraní, donde criticar al líder supremo puede acarrear severas consecuencias legales. Este desafío abierto refleja, según expertos, un cambio significativo en la percepción del miedo y la obediencia entre la población, especialmente entre las nuevas generaciones.
Represión, censura y reacción internacional
El gobierno iraní ha respondido con una fuerte represión, desplegando fuerzas de seguridad y limitando el acceso a internet y redes sociales. A pesar de estas medidas, las imágenes de protestas y actos simbólicos han logrado difundirse, generando reacciones de preocupación y condena por parte de la comunidad internacional.
Diversos países y organismos han llamado a Irán a respetar los derechos humanos y a cesar el uso excesivo de la fuerza. No obstante, el régimen insiste en calificar las protestas como disturbios promovidos desde el exterior, una narrativa que no ha logrado frenar el descontento interno.


